domingo, 6 de octubre de 2013

Prólogo: Persiguiendo Los Sueños

Persiguiendo los sueños
La habitación es grande, espaciosa, con una cama de matrimonio que hacía años sólo ocupaba una persona, dos grandes ventanas dejan entrar mucha claridad y no es necesario tener las luces encendidas para ver perfectamente.
 Afuera, las hojas caen, con su característico color marrón oscuro, y son arrastradas por el fuerte viento que sopla, dando una imagen bastante melancólica de la pequeña finca.
Hay un hombre en la habitación, tumbado en la cama con los ojos cerrados, aunque no duerme; recuerda. Es consciente de que no tiene mucho tiempo, que lo debería de pasar haciendo algo especial, pero sólo es capaz de tumbarse en esa cama, junto a la foto de su difunta esposa, e intentar olvidarse del presente para volver a vivir el pasado. Tiempos felices, piensa.
 El viento sopla ahora con más fuerza, y una rama golpea contra una de las ventanas, haciendo un ruido muy desagradable, él no lo escucha. Está escuchando su primer beso, las tardes en el lago, el momento del “si quiero” de su boda, está escuchando también el día en el que supo que iba a ser padre, escucha los ligeros pasitos de su hija, Irene, sobre el suelo de madera, su primera palabra, “mami”, su noticia de que iba a tener nietos… Todo esto pasa por su cabeza durante unos minutos, o quizá unas horas, hacía tiempo que había perdido la noción el tiempo que llevaba dentro de esa habitación.
 Empieza a notar cierto pinchazo junto a las costillas, sabe lo que eso significa, se mantiene sereno.
Otro pinchazo, un poco más doloroso. No abre los ojos, prefiere dejarse arrastrar por los sentimientos a aceptar el hecho de se está consumiendo. El dolor aumenta, una pequeña gota de sudor corre por su frente, sabe que llega el momento y se deja llevar.
Se apagan las luces.

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