-¿Cuánto
tiempo?
-Se que
es una noticia dura, Julián, así que si quieres podemos buscar a un
especialista para que te ayude a…
-¿¡Cuánto!?
-De nueve a doce meses- El Dr.
García baja la cabeza, le cae muy bien Julián y le duele lo que tiene que
decirle- O quizá menos, todo depende de cómo vaya evolucionando.
Nueve meses, estúpido cáncer, Julián está fuera de sí, ahora
mismo le encantaría ponerse a gritar como un loco, pero se contiene, Héctor
García es un gran hombre, bueno, “mediohombre”, como le gustaba llamarle, y es
que su médico todavía no ha llegado a los treinta, y Julián siempre bromea con
que parece que no tiene ni quince. Así que coge su sombrero, se pone la
chaqueta y sale de la sala. Sabe que hay un montón de cosas que le quiere decir
el doctor, pero no hay ni una sola que le apetezca escuchar ahora mismo.
Afuera hace calor, decide entrar en un bar y tomar algo,
mientras piensa qué decirle a su hija. Le espera una tarde complicada.
Llega a casa hora y media más tarde, y se alegra de
comprobar que no hay nadie, perfecto, así tendrá algo más de tiempo para
ordenar sus ideas, Irene debe de estar trabajando, y seguramente Alicia haya quedado con el cretino ese… ¿Cómo
se llamaba? Ah, ya, Miguel.
Miguel era el chico con el que estaba ahora Alicia, el
típico guapito que mira a la gente por encima del hombro y que viste con
pantalones ajustados. Cada vez que se encuentran, Julián tiene que hacer un
esfuerzo por no llamarle Embutido. La idea de decírselo le pone un poco de
mejor humor, y se pone a tararear la canción que está sonando por la radio
mientras prepara la comida.
Ahora suena My Girl, de The Temptations, le encanta esta canción
y empieza a cantar más alto, cuando escucha un ruido que viene del piso de
arriba. A los pocos minutos ve bajar por las escaleras a su nieta con Embutido,
la saluda con dos besos y un abrazo a ella, y con un frio “buenos días” a él.
-Abuelo, Miguel y yo nos vamos a
comer fuera, ¿vale?
-Si,
claro, marcharos, ya vendrá tu madre luego.
Otros dos besos, y se van. Julián no puede evitar fijarse en
el chupón que tiene Alicia en el cuello. Sí, definitivamente, hoy va a ser un
día difícil.
Una hora más tarde
Irene entra en casa, es una mujer alta, de mirada segura,
pero con el corazón roto. Hace ya años que había perdido cualquier contacto con
su ex marido, él prefirió quedarse con el coche y la televisión antes que con
la niña, así que Irene cuidó a Alicia sola durante años, hasta que Julián vino a
vivir a casa. Tanto su padre como su hija siempre le insistieron en que
conociera a otro hombre, pero ella nunca aceptó. Dice que está demasiado
ocupada.
Al entrar se encuentra con su padre, sentado en la mesa de
la cocina leyendo el periódico, al verla venir le da dos besos y un abrazo
cariñoso, y le pide que se siente con él.
-¿Cómo te ha ido el día, cariño?
-Bien.
Bueno, como siempre, no me quejo. –Irene empieza a pensar que hay algo raro en
el comportamiento de su padre, parece serio, pensativo. –Papá, ¿ocurre algo?
-Emm…
pues no estoy del todo seguro. –Se está empezando a poner nervioso. ¿Se lo dice?
Le haría mucho daño, pero sabe que tarde o temprano se va a enterar, y en el
fondo quiere decírselo- La verdad es que hay algo de lo que te quería hablar…
-Dime,
venga, ¿Qué pasa?
¿Cómo empieza? ¿Cómo le dices a tu hija algo así? Joder,
vaya dilema.
-Bueno,
bien.
-¿Bien?
Julián, ¡suéltalo!
Julián está empezando a arrepentirse de haberle dicho que se
sentara a hablar con él, mira a un lado y a otro de la habitación, pensando en
el modo de decirle lo que le han dicho esa misma mañana, que se muere.
-Pues…
Que tu hija pasa mucho tiempo últimamente con el Miguel ese, y no me gusta nada
el chico ese, no es trigo limpio. -Odia mentir, pero odia más decir la verdad.
-¡Boh! ¿Era
eso?... Son jóvenes, papá, déjales que se lo pasen bien.
-Ya,
tienes razón… Bueno, ¿Comemos?
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