domingo, 6 de octubre de 2013

Capítulo 1

               -¿Cuánto tiempo?
               -Se que es una noticia dura, Julián, así que si quieres podemos buscar a un especialista para que te ayude a…
-¿¡Cuánto!?
-De nueve a doce meses- El Dr. García baja la cabeza, le cae muy bien Julián y le duele lo que tiene que decirle- O quizá menos, todo depende de cómo vaya evolucionando.
Nueve meses, estúpido cáncer, Julián está fuera de sí, ahora mismo le encantaría ponerse a gritar como un loco, pero se contiene, Héctor García es un gran hombre, bueno, “mediohombre”, como le gustaba llamarle, y es que su médico todavía no ha llegado a los treinta, y Julián siempre bromea con que parece que no tiene ni quince. Así que coge su sombrero, se pone la chaqueta y sale de la sala. Sabe que hay un montón de cosas que le quiere decir el doctor, pero no hay ni una sola que le apetezca escuchar ahora mismo.
Afuera hace calor, decide entrar en un bar y tomar algo, mientras piensa qué decirle a su hija. Le espera una tarde complicada.
Llega a casa hora y media más tarde, y se alegra de comprobar que no hay nadie, perfecto, así tendrá algo más de tiempo para ordenar sus ideas, Irene debe de estar trabajando, y seguramente  Alicia haya quedado con el cretino ese… ¿Cómo se llamaba? Ah, ya, Miguel.
Miguel era el chico con el que estaba ahora Alicia, el típico guapito que mira a la gente por encima del hombro y que viste con pantalones ajustados. Cada vez que se encuentran, Julián tiene que hacer un esfuerzo por no llamarle Embutido. La idea de decírselo le pone un poco de mejor humor, y se pone a tararear la canción que está sonando por la radio mientras prepara la comida.
Ahora suena My Girl, de The Temptations, le encanta esta canción y empieza a cantar más alto, cuando escucha un ruido que viene del piso de arriba. A los pocos minutos ve bajar por las escaleras a su nieta con Embutido, la saluda con dos besos y un abrazo a ella, y con un frio “buenos días” a él.
-Abuelo, Miguel y yo nos vamos a comer fuera, ¿vale?
               -Si, claro, marcharos, ya vendrá tu madre luego.
Otros dos besos, y se van. Julián no puede evitar fijarse en el chupón que tiene Alicia en el cuello. Sí, definitivamente, hoy va a ser un día difícil.

Una hora más tarde
Irene entra en casa, es una mujer alta, de mirada segura, pero con el corazón roto. Hace ya años que había perdido cualquier contacto con su ex marido, él prefirió quedarse con el coche y la televisión antes que con la niña, así que Irene cuidó a Alicia sola durante años, hasta que Julián vino a vivir a casa. Tanto su padre como su hija siempre le insistieron en que conociera a otro hombre, pero ella nunca aceptó. Dice que está demasiado ocupada.
Al entrar se encuentra con su padre, sentado en la mesa de la cocina leyendo el periódico, al verla venir le da dos besos y un abrazo cariñoso, y le pide que se siente con él.
-¿Cómo te ha ido el día, cariño?
               -Bien. Bueno, como siempre, no me quejo. –Irene empieza a pensar que hay algo raro en el comportamiento de su padre, parece serio, pensativo. –Papá, ¿ocurre algo?
               -Emm… pues no estoy del todo seguro. –Se está empezando a poner nervioso. ¿Se lo dice? Le haría mucho daño, pero sabe que tarde o temprano se va a enterar, y en el fondo quiere decírselo- La verdad es que hay algo de lo que te quería hablar…
               -Dime, venga, ¿Qué pasa?
¿Cómo empieza? ¿Cómo le dices a tu hija algo así? Joder, vaya dilema.
               -Bueno, bien.
               -¿Bien? Julián, ¡suéltalo!
Julián está empezando a arrepentirse de haberle dicho que se sentara a hablar con él, mira a un lado y a otro de la habitación, pensando en el modo de decirle lo que le han dicho esa misma mañana, que se muere.
               -Pues… Que tu hija pasa mucho tiempo últimamente con el Miguel ese, y no me gusta nada el chico ese, no es trigo limpio. -Odia mentir, pero odia más decir la verdad.
               -¡Boh! ¿Era eso?... Son jóvenes, papá, déjales que se lo pasen bien.
               -Ya, tienes razón… Bueno, ¿Comemos?

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