Capítulo 3
El glorioso timbre de la última hora suena, y todos los
alumnos salen apurados, deseando llegar de una vez a sus respectivas casas.
Alicia marcha triunfante, no ha conseguido que el chico le hablara, pero cuando
le ha pedido que quedaran a la tarde siguiente en la biblioteca para que le
ayudara con las materias, ha asentido. Mañana será una tarde interesante.
Se sienta en su cama con las piernas cruzadas. Sí, lo tiene
muy claro. Le pasa algo. Pablo sonríe, triunfante. <¡Cómo en Detective
Conan!> piensa. Ahora sólo tiene que adivinar qué es lo que le ocurre. Pero…
¿cómo? Preguntárselo abiertamente sería muy indiscreto, y, como futuro
detective que quiere llegar a ser, necesita actuar con la máxima discreción
posible.
Esa misma tarde
Abre la puerta blanca y entra en la pequeña sala con tres
sillas de madera en el centro, acompañado por el psicólogo y Héctor García. La
misma charla de todas las semanas.
Por cierto, ¿Cómo se llama el psicólogo? Ni idea, y tampoco
le interesa como para intentar leer el nombre que aparece bordado en la bata
blanca. Total, se nota a las leguas que al hombre éste no le importa nada el
caso de Julián, que sólo viene por cumplir. Cómo él, piensa…
Hablan un rato acerca de cómo encontrar la felicidad, de
hacer lo que uno quiere para sentirse más realizado, tonterías varias. Ojalá se
acabe rápido y pueda volver a seguir leyendo, con el ligero calor de la
tarde-noche acompañándolo, perfecto.
Pasa la hora y el psicólogo se va, Héctor acompaña a Julián
hasta la salida y cuando éste se va a marchar, le interrumpe.
-Julián,
amigo, ¿tomamos algo? Tengo hasta las nueve libre.
El local se llama Deer Antlers, es un antiguo bar inglés, de
paredes de madera y en el que ponen unas cervezas excelentes. Héctor pide una
coca-cola ligth y Julián una Super Bock.
-El otro
día- el Dr. García mira ensimismado las burbujas que se forman en su vaso- me
encontré con Irene en el supermercado. –Julián se tensa- Estuvimos hablando un
rato y… ¿Por qué no le dijiste nada?
Una enorme cabeza de ciervo adorna la pared junto a la que
están sentados, en las vigas de madera aparecen clavadas cortas dedicatorias de
algún que otro famoso, o alguna foto posando con el dueño del local.
Se le empieza a poner la cara roja del enfado. ¿¡Cómo pudo!?
¿¡Cómo pudo Hector habérselo dicho a Irene!?.
-¿¡Cómo
te atreves a decirle eso!?
-¿¡Cómo
te atreves tú a no decírselo!? ¡Es tu hija, Julián, y tiene que saberlo! Y de
todas formas, no le he contado nada.
El desconcierto que siente Julián en ese momento es mayúsculo,
¿A que está jugando el médico?
-Lo que
te estaba diciendo- Suspiro – Es que estuve hablando con ella, y la encontré
animada, por eso supuse que no le habías dicho nada. Sabes que se terminará
enterando, ¿no?. Deberías hablarlo con ella para ir asimilándolo un poco, ya sé
que es jodido, pero deberías hacerlo.
Es la primera vez que Julián escucha un taco por parte de
Héctor, aunque también es verdad que es la primera vez que hablan fuera del
ámbito médico. Le saca una sonrisa.
-Lo
haré, amigo, sólo déjame pensar cómo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario