Es instinto primordial, adrenalina. Queremos llegar al límite y dar un paso más, enamorarnos, probar cuánto podemos soportar antes de caer. Nos gusta eso, tener la vida a un simple suspiro, creer que por una vez controlamos nuestra propia existencia.
A veces me levanto y lo que necesito es sentarme en lo más alto, en la azotea, al borde de la nada.
Tal vez alguien, otra persona, nos grita desde dentro "¡HAZLO, CAMINA!, píllate por alguien hasta que queme, hasta que duela". Buscamos ser el muro de contención del sufrimiento ajeno, sin que nos importe deslizarnos, desde la azotea, a donde se persiguen los sueños.
Persiguiendo los Sueños es mi primer "intento" de libro. Contacto: blablablanton@gmail.com Twitter: @Antoonn_
miércoles, 2 de abril de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
Capítulo 12
“Azul Silencio
Ruido, días vacios, esperanzas perdidas y miradas rotas.
Siempre me persiguen; me persigues, sombra. Todo el caos en el que me
acostumbré a vivir ha decidido ordenarse. Soy un recuerdo, un olvido. El tiempo
pasa, arrastrando consigo una nube de polvo y ceniza ardiendo. Se queman los
árboles, portadores de la vida, pero permanezco inmutable. Un abanico de cálidos
colores baila sobre lo que un día fue nuestro mundo, mientras yo escribo sobre
sueños, con tinta azul silencio.”
Una atmósfera pesada se forma en la habitación. Guarda su
pequeño bloc de pósits bajo la cama y se tumba en el suelo, sin hacer el más mínimo
ruido.
Octubre suspira. No puede dejar de pensar en la chica que se
empeña en no salir de su cabeza. ¿En qué momento pasó Alicia a ser alguien tan
importante para él? Tiene que ser algo puntual, un regusto a abrazos y cariño,
pero sabe que si no es eso, lo tiene jodido. Ella está con alguien, con un
gilipollas, todo hay que decirlo, pero tiene pareja. Además, ella nunca querría
estar con alguien como él. Pero el abrazo del otro día… No se lo esperaba. Tal
vez…
El sonido de su teléfono interrumpe sus pensamientos, es la
melodía que le puso para cuando Alicia le manda un mensaje. Joder, vaya
nervios. Él no es así, tiene que relajarse.
Se levanta del suelo y empieza a caminar de un lado a otro
de la habitación, sin ni siquiera atreverse a leer el mensaje. Coge aire y lo
suelta muy lentamente, repitiendo el proceso varias veces, hasta que siente que
se marea. Se sienta en la cama y lee lo que le acaban de mandar.
“¡¡¡Aprobé matemáticas!!!, no sé cómo, pero he aprobado :DDD
Oye, dentro de unos días voy a tener la casa sola -Octubre no puede evitar
ruborizarse- y pensé en invitar a un par de personas, quieres venir? Puedes
dormir allí si quieres.”
Sonríe triunfante, después de media hora buscando en
internet hoteles baratos cerca de la montaña, por fin encontró uno perfecto. A
su abuelo le va a encantar.
Repasa varias veces lo que tiene pensado decir, la
habitación ya está reservada, así que no se puede echar atrás. Baja lentamente las
escaleras, nerviosa, en busca de Julián.
-Abuelo,
tengo una sorpresa para ti.
El hombre la mira extrañado, apaga la televisión y se gira
para verla.
-El otro
día vi que estabas muy atento a lo del montañismo y todo eso, y bueno, pues
pensé en que tal vez te gustaría pasarte un par de días por ahí.
-Si, la
verdad es que me gustaría mucho, pero ya sabes que esas cosas son bastante
caras.
Los ojos de Alicia brillan de alegría, todo va perfecto.
-Pues
tenía algo de dinero ahorrado, así que te he reservado dos noches en un hotel...
-Espera,
¿¡qué!?
-Oh,
vamos. Te va a encantar. Todas las mañanas se organizan rutas por la montaña, y
ni siquiera me salió caro.
-Cariño,
no tenías por qué hacer nada de esto… - La verdad es que está encantado, es
justo lo que quería hacer – Déjame al menos que te devuelva el dinero.
-No, no.
Es un regalo. – Respira, ahora vienen los problemas – Bueno… ¡Te vas en dos días!
-¿¡En
dos días?! ¿Pero no es cuando tu madre se va también por trabajo?
-Ehh… Pues
ahora que lo dices es cierto, no me había dado cuenta - A la mierda el guión, toca improvisar- Hubo
un problema… Sólo pude reservar habitación para esta semana, porque más tarde
ya estaba todo ocupado – miente -, de todas formas puedo hablar con Marta y
dormir en su casa, no creo que tenga problema.
-Si,
claro. – Julián la mira con sonrisa cómplice, mientras se levanta del sillón –
No te preocupes, no le diré a tu madre lo de la fiesta.
Sale de la habitación con aire triunfal, y cuando está
seguro de que su nieta no lo puede escuchar suelta una sonora carcajada.
Dentro, una confundidísima Alicia se pregunta cómo su abuelo
pudo saber lo que tenía pensado hacer. No sabe que esa misma tarde, mientras
organizaba todo con Marta, Julián pasó junto a su habitación, y escuchó cómo le
contaba todo a su amiga.
Tres días más tarde
Llevan toda la tarde en reuniones, estudiando el caso. Irene
y Gabriel, el chico nuevo, llevan unas cinco horas redactando informes. El
cansancio empieza a hacerse palpable, por lo que deciden dejar el trabajo hasta
el día siguiente e irse al hotel.
Caminan por la ciudad. Estrechas calles de suelo empedrado,
con casas antiguas y pequeñas tiendas les acompañan. No hace frío, pero apenas
hay gente paseando.
Empieza a anochecer en Gorriat, el sol se pone bajo las
puntas de los edificios y crea una atmósfera acogedora en la que camina la
pareja. Irene se ríe y Gabriel aprovecha esos momentos para acercarse más a
ella. Hablan con confianza, relajados, sin pensar en el hecho de que casi son
unos extraños el uno para el otro.
sábado, 8 de febrero de 2014
Capítulo 11
Se tumba en la camilla, está muerto de cansancio. Julián
sonríe; cualquiera diría que lo que estuvieron haciendo toda la tarde fue un
sinsentido, un desvarío de un joven y un no tan joven que sólo pretenden pasárselo
bien haciendo locuras. Pero no, va mucho más allá, es una forma de mantener la
mente ocupada, de no resignarse a lo inevitable.
Héctor García lo mira pensativo. Hace unas pequeñas
anotaciones en su libreta y se gira para tenerlo de frente. Le quita la
camiseta, y, estetoscopio en mano, le pide que respire hondo mientras él va
moviendo el aparado por diferentes puntos de su espalda y pecho.
-Héctor,
amigo, ¿recuerdas lo que hablamos el otro día, la lista que me regalara aquel
chaval? Es una locura, lo sé, pero he decidido hacerla, el chico me está
ayudando.
La habitación, ya de por sí poco ruidosa se queda en completo
silencio. El doctor no responde, ni siquiera lo mira a los ojos.
-¿Héctor?
-Cuando lo hablamos te dije que era una buena idea que lo intentaras, sí. Pero hazme un favor, no metas al crio. Julián, sabes que poco podemos hacer contigo, las probabilidades de curarte son ínfimas. No hagas que el chico, Pablo, ¿no?, se encariñe demasiado contigo.
-Cuando lo hablamos te dije que era una buena idea que lo intentaras, sí. Pero hazme un favor, no metas al crio. Julián, sabes que poco podemos hacer contigo, las probabilidades de curarte son ínfimas. No hagas que el chico, Pablo, ¿no?, se encariñe demasiado contigo.
Se miran el uno a otro durante unos segundos, minutos o
quizás horas. Héctor se siente culpable, lo que le acaba de decir a su paciente
es algo realmente duro.
-Julián,
escucha…
-Cuarenta
y cinco. – Le interrumple
-¿Perdón?
-Cuarenta
y cinco, es lo que me falta para acabar la lista. Me he pasado esta tarde
paseando por la ciudad por un propósito, y lo siento pero no tengo pensado
abandonar. El chico sabe perfectamente qué es lo que me pasa, y sabe cómo va a
acabar todo, no es tonto. Así que lo siento, pero ahora no voy a parar.
Vuelven a quedarse en silencio. Julián se levanta y se va de
la habitación.
Alicia no se lo puede creer. ¡Ha aprobado! Con un cinco
raspadito, pero ella está encantada. Por fin ha terminado todos los exámenes. Solo
con pensar en los tres meses de verano que le quedan, de relax, sin tener que
estudiar nada para Septiembre ya se pone de buen humor. Y fiestas, muchas fiestas. Este verano
tiene que ser perfecto, se lo merece por haber estudiado tanto. Su madre se va
en unos días fuera de casa durante una semana, tiene que organizar algo. Aunque
claro, su abuelo va a estar. Ya verá qué hacer. Ahora lo primero es hablar con
Marta para organizar una… quedada de amigos.
Julián entra en la casa, malhumorado. Sin siquiera saludar
se acuesta en el sofá y enciende la televisión. En la pantalla aparece un documental
acerca de la escalada en España. Aparecen imágenes de los Pirineos, los Picos
de Urbión, Cabeza de Manzaneda… Por su cabeza no deja de aparecer el quinto
punto de su lista, “Subir a un sitio muy alto y gritar con todas tus fuerzas”.
Se queda pensativo. Sí, eso es, es hora de dejar las fáciles y pasar a algo más
emocionante. Si, lo tiene decidido. Sí…
-Abuelo,
¿dijiste algo?
-¿Perdona
cielo?
-No
dejabas de murmurar cosas.
-Estaba
pensando en voz alta – Le sonríe para tranquilizarla – Es sólo que me
encantaría poder visitar esos sitios. – Señala la pantalla.
Alicia casi no puede contener un grito de júbilo. Se dirige hacia su habitación, teléfono en
mano, para contarle a Marta que en unos pocos días tienen fiesta en su casa, vacía.
sábado, 1 de febrero de 2014
Capítulo 10
Se levanta de la cama. Le duele
todo. Camina hacia el baño pero tiene que detenerse varias veces para coger aire.
Suspira. La pequeña puerta de madera con mango dorado se abre lentamente, y un
hombre ya mayor, cansado y enfermo, entra muy despacio. De golpe siente todo el
peso de los años sobre sus hombros. Tira del manillar y el pequeño mueble de
encima del lavabo se abre, elige los recipientes de las pastillas. Memoriza
rápidamente lo que le había dicho el Dr. García, que se tomara una rosa y dos
blancas cada noche. ¿O eran dos rosas y una banca? No, rosas eran solo una.
Vuelve a suspirar; aún es de noche, y va a necesitar fuerzas para mañana, así que
se vuelve a meter en cama. No consigue reconciliar el sueño.
Alicia está nerviosísima. En unas
dos horas va a tener por fin el examen de matemáticas que lleva días preparando
con Octubre. Por fin su último examen.
Desayuna a todo correr y sube a
darle un último repaso a las matrices. Números, números y números. Y muchas
letras. Demasiadas cosas de las que acordarse para hora y media de mañana.
Por fin es la hora. Todas las
clases hacen el examen en la misma aula, así que se sienta junto a Marta, que
no tiene ni idea de nada. De repente piensa en Octubre, él también tiene que
hacer el examen. Lo busca con la mirada y lo encuentra al fondo de la clase. Se miran y se sonríen. Rápidamente Alicia
aparta la mirada, se pone colorada. La tarde anterior, en casa de Octubre,
estuvieron muy cerca el uno del otro, en un abrazo larguísimo, del que ninguno
de los dos se quería separar. Fue… ¿Qué fue? Joder, joder, joder. Alicia tiene
novio, no puede, no debe sentir lo que sintió el otro día con otro chico que no
fuera Miguel. ¿Pero qué sintió exactamente? No lo sabe.
El profesor empieza a repartir
los exámenes, así que decide dejar de pensar en su novio y en su amigo y
concentrarse en las matemáticas.
Octubre la mira por última vez,
agacha la cabeza y empieza con los ejercicios.
Esa misma tarde
-Muy
bien, vamos a ver por donde empezamos… - Julián y Pablo están sentados en un
banco de la alameda, realmente hace calor. Julián ha cogido la pequeña lista
que le regaló su amigo, dispuesto a empezar con ella.
-Podemos
empezar por uno fácil, hhmmm – Pablo lee el papel una y otra vez buscando algo
por lo que empezar. – ¿Tomarse un helado de cinco bolas?
-¡¿Tú
quieres ayudarme, o conseguir que me dé un algo!? – Se ríen – Vale, está bien.
Será el helado entonces.
Cruzan la calle para meterse en la heladería que está en frente.
Julián pide uno de fresa, yogurt, café, nata y ciruela, y termina por comprarle
un cucurucho a Pablo de fresa, chocolate, más fresa y más chocolate.
Se vuelven a sentar en el banco de antes, cada uno con una
torre de colores en sus manos.
-¡Come
rápido, que se te derrite! – Pablo apremia a Julián, al que la idea de tomarse
tanto helado sigue sin parecerle muy adecuada.
Al
acabar, después de quince minutos comiendo sin parar y con un regusto a fresa,
yogurt, café, nata y ciruela, Julián por fin tacha su primera locura de la
lista. Sonríe. Sólo quedan cuarenta y nueve.
-Bueno,
¿vamos a por la siguiente?
sábado, 25 de enero de 2014
Capítulo 9
El papel se le escurre de las manos y cae al suelo haciendo
un casi imperceptible pero ensordecedor ruido al contacto con la madera.
Alicia no se mueve; realmente le impactó lo que acababa de descubrir acerca de
Octubre. Su abuelo la llama para ir a comer, pero no le escucha. En su cabeza
todo es un remolino de sentimientos y pensamientos trágicos; tiene que hablar
con él, verlo a la cara y abrazarlo, consolarlo a él o tal vez consolarse a
ella misma, todo es un caos.
Baja a toda velocidad por las escaleras y a un grito de “¡mamá,
como con Marta!” sale corriendo de casa. Atraviesa rápido su urbanización, baja
la cuesta grande y llega a la plaza de los bares. Coge el teléfono y le manda
un mensaje a Octubre pidiéndole que le indique dónde vive. Espera impaciente a
que le responda, y cuando lo hace vuelve a apurar el paso hacia las pequeñas
calles del Este de la ciudad. Tarda unos veinte minutos en llegar a la casa.
Timbra impaciente y aprovecha para recuperar el aliento
mientras escucha unos pasos al otro lado de la vivienda. La puerta se abre y
aparece una señora de unos sesenta años, con unos rulos en el pelo y la cara a
medio pintar. Mierda, se ha equivocado de casa. Sin siquiera pedir disculpas o
aclarar lo ocurrido se da la vuelta y camina hacia el portal de enfrente. No
hay timbre, por lo que da unos ligeros golpes en la puerta, la cual pasados
unos diez segundos se abre. Octubre, despeinado y en pijama la mira
desconcertado. Coge su libretita para preguntarle qué ocurre, pero antes de que
pueda escribir nada Alicia lo abraza con todas sus fuerzas.
-Esta
chica se va así, de golpe, sin dar explicaciones – Irene suspira - ¿Yo a su
edad era igual?
-No,
para nada. Tú eras mucho peor – Los dos se ríen. Julián e Irene se sientan a
comer en la pequeña mesa del salón –Pero es algo normal. Tiene diecisiete años,
quiere estar con los amigos.
-Ya lo
sé, papá, pero me fastidia… - apaga la televisión – Oye, Julián, quería
contarte algo.
-Dime,
cariño. ¿Qué ocurre?
-Voy a pasarme unos días fuera de casa la semana que viene. Nos llamaron para un caso importante en Gorriat, y como queda a unas cinco horas de aquí, pues dormiré en un hotel para no tener que viajar tanto.
-Voy a pasarme unos días fuera de casa la semana que viene. Nos llamaron para un caso importante en Gorriat, y como queda a unas cinco horas de aquí, pues dormiré en un hotel para no tener que viajar tanto.
-Ah, no
te preocupes. Yo cuido de Alicia
Se sonríen cariñosamente y terminan de comer en silencio.
Julián descansa en el porche, hace mucho que no habla con
Pablo, así que decide ir a hacerle una visita. Timbra y a los pocos segundos se
asoma el joven chico, le sonríe y le invita a entrar.
-¿Quieres
algo? Tengo zumo o bizcocho si quieres.
-Muchas
gracias pero no hace falta – Julián lo mira con cariño, realmente le ha cogido
aprecio.
-Como
quieras – Coge un pedazo enorme de bizcocho y se lo mete en la boca – Julián, ¿ya
pensaste qué hacer? – Las migas le salen de la boca y apenas se le entiende.
-¿A qué te refieres?
-A la lista. Vas a hacerla, ¿no?
-Pablo, de verdad que me encantó
tu detalle, pero es una locura. Y más para alguien de mi edad. – Suspira
-¿Por qué dices que es una locura
si ni siquiera te molestas en intentar hacerlo?
¿Te da miedo, es eso?
-Claro
que no es eso, lo que pasa es que…
-Vaya,
no sabía que mi vecino Julián fuera tan cobarde. –Pablo se siente ofendido –
Pues limítese a esperar sentado a que no ocurra nada, entonces.
-Chico… ¡Entiéndeme!
-Lo
entiendo todo perfectamente. – Se mete otro cacho de bizcocho en la boca y
frunce el ceño para que se note lo enfadado que está.
-¡Está
bien, está bien! Intentaré hacerlo, pero sólo si tú me ayudas. ¿De acuerdo?
-Sabía
que dirías que si – Pablo sonríe de oreja a oreja, dejando ver toda la comida
que tiene en la boca. – Y ahora… - Pone un cacho de bizcocho enorme en frente
de Julián. - ¡Come!
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