Se tumba en la camilla, está muerto de cansancio. Julián
sonríe; cualquiera diría que lo que estuvieron haciendo toda la tarde fue un
sinsentido, un desvarío de un joven y un no tan joven que sólo pretenden pasárselo
bien haciendo locuras. Pero no, va mucho más allá, es una forma de mantener la
mente ocupada, de no resignarse a lo inevitable.
Héctor García lo mira pensativo. Hace unas pequeñas
anotaciones en su libreta y se gira para tenerlo de frente. Le quita la
camiseta, y, estetoscopio en mano, le pide que respire hondo mientras él va
moviendo el aparado por diferentes puntos de su espalda y pecho.
-Héctor,
amigo, ¿recuerdas lo que hablamos el otro día, la lista que me regalara aquel
chaval? Es una locura, lo sé, pero he decidido hacerla, el chico me está
ayudando.
La habitación, ya de por sí poco ruidosa se queda en completo
silencio. El doctor no responde, ni siquiera lo mira a los ojos.
-¿Héctor?
-Cuando lo hablamos te dije que era una buena idea que lo intentaras, sí. Pero hazme un favor, no metas al crio. Julián, sabes que poco podemos hacer contigo, las probabilidades de curarte son ínfimas. No hagas que el chico, Pablo, ¿no?, se encariñe demasiado contigo.
-Cuando lo hablamos te dije que era una buena idea que lo intentaras, sí. Pero hazme un favor, no metas al crio. Julián, sabes que poco podemos hacer contigo, las probabilidades de curarte son ínfimas. No hagas que el chico, Pablo, ¿no?, se encariñe demasiado contigo.
Se miran el uno a otro durante unos segundos, minutos o
quizás horas. Héctor se siente culpable, lo que le acaba de decir a su paciente
es algo realmente duro.
-Julián,
escucha…
-Cuarenta
y cinco. – Le interrumple
-¿Perdón?
-Cuarenta
y cinco, es lo que me falta para acabar la lista. Me he pasado esta tarde
paseando por la ciudad por un propósito, y lo siento pero no tengo pensado
abandonar. El chico sabe perfectamente qué es lo que me pasa, y sabe cómo va a
acabar todo, no es tonto. Así que lo siento, pero ahora no voy a parar.
Vuelven a quedarse en silencio. Julián se levanta y se va de
la habitación.
Alicia no se lo puede creer. ¡Ha aprobado! Con un cinco
raspadito, pero ella está encantada. Por fin ha terminado todos los exámenes. Solo
con pensar en los tres meses de verano que le quedan, de relax, sin tener que
estudiar nada para Septiembre ya se pone de buen humor. Y fiestas, muchas fiestas. Este verano
tiene que ser perfecto, se lo merece por haber estudiado tanto. Su madre se va
en unos días fuera de casa durante una semana, tiene que organizar algo. Aunque
claro, su abuelo va a estar. Ya verá qué hacer. Ahora lo primero es hablar con
Marta para organizar una… quedada de amigos.
Julián entra en la casa, malhumorado. Sin siquiera saludar
se acuesta en el sofá y enciende la televisión. En la pantalla aparece un documental
acerca de la escalada en España. Aparecen imágenes de los Pirineos, los Picos
de Urbión, Cabeza de Manzaneda… Por su cabeza no deja de aparecer el quinto
punto de su lista, “Subir a un sitio muy alto y gritar con todas tus fuerzas”.
Se queda pensativo. Sí, eso es, es hora de dejar las fáciles y pasar a algo más
emocionante. Si, lo tiene decidido. Sí…
-Abuelo,
¿dijiste algo?
-¿Perdona
cielo?
-No
dejabas de murmurar cosas.
-Estaba
pensando en voz alta – Le sonríe para tranquilizarla – Es sólo que me
encantaría poder visitar esos sitios. – Señala la pantalla.
Alicia casi no puede contener un grito de júbilo. Se dirige hacia su habitación, teléfono en
mano, para contarle a Marta que en unos pocos días tienen fiesta en su casa, vacía.
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