sábado, 15 de febrero de 2014

Capítulo 12




“Azul Silencio
Ruido, días vacios, esperanzas perdidas y miradas rotas. Siempre me persiguen; me persigues, sombra. Todo el caos en el que me acostumbré a vivir ha decidido ordenarse. Soy un recuerdo, un olvido. El tiempo pasa, arrastrando consigo una nube de polvo y ceniza ardiendo. Se queman los árboles, portadores de la vida, pero permanezco inmutable. Un abanico de cálidos colores baila sobre lo que un día fue nuestro mundo, mientras yo escribo sobre sueños, con tinta azul silencio.”
Una atmósfera pesada se forma en la habitación. Guarda su pequeño bloc de pósits bajo la cama y se tumba en el suelo, sin hacer el más mínimo ruido.
Octubre suspira. No puede dejar de pensar en la chica que se empeña en no salir de su cabeza. ¿En qué momento pasó Alicia a ser alguien tan importante para él? Tiene que ser algo puntual, un regusto a abrazos y cariño, pero sabe que si no es eso, lo tiene jodido. Ella está con alguien, con un gilipollas, todo hay que decirlo, pero tiene pareja. Además, ella nunca querría estar con alguien como él. Pero el abrazo del otro día… No se lo esperaba. Tal vez…
El sonido de su teléfono interrumpe sus pensamientos, es la melodía que le puso para cuando Alicia le manda un mensaje. Joder, vaya nervios. Él no es así, tiene que relajarse.
Se levanta del suelo y empieza a caminar de un lado a otro de la habitación, sin ni siquiera atreverse a leer el mensaje. Coge aire y lo suelta muy lentamente, repitiendo el proceso varias veces, hasta que siente que se marea. Se sienta en la cama y lee lo que le acaban de mandar.
“¡¡¡Aprobé matemáticas!!!, no sé cómo, pero he aprobado :DDD Oye, dentro de unos días voy a tener la casa sola -Octubre no puede evitar ruborizarse- y pensé en invitar a un par de personas, quieres venir? Puedes dormir allí si quieres.”


Sonríe triunfante, después de media hora buscando en internet hoteles baratos cerca de la montaña, por fin encontró uno perfecto. A su abuelo le va a encantar.
Repasa varias veces lo que tiene pensado decir, la habitación ya está reservada, así que no se puede echar atrás. Baja lentamente las escaleras, nerviosa, en busca de Julián.
               -Abuelo, tengo una sorpresa para ti.
El hombre la mira extrañado, apaga la televisión y se gira para verla.
               -El otro día vi que estabas muy atento a lo del montañismo y todo eso, y bueno, pues pensé en que tal vez te gustaría pasarte un par de días por ahí.
               -Si, la verdad es que me gustaría mucho, pero ya sabes que esas cosas son bastante caras.
Los ojos de Alicia brillan de alegría, todo va perfecto.
               -Pues tenía algo de dinero ahorrado, así que te he reservado dos noches en un hotel...
               -Espera, ¿¡qué!?
               -Oh, vamos. Te va a encantar. Todas las mañanas se organizan rutas por la montaña, y ni siquiera me salió caro.
               -Cariño, no tenías por qué hacer nada de esto… - La verdad es que está encantado, es justo lo que quería hacer – Déjame al menos que te devuelva el dinero.
               -No, no. Es un regalo. – Respira, ahora vienen los problemas – Bueno… ¡Te vas en dos días!
               -¿¡En dos días?! ¿Pero no es cuando tu madre se va también por trabajo?
               -Ehh… Pues ahora que lo dices es cierto, no me había dado cuenta -  A la mierda el guión, toca improvisar- Hubo un problema… Sólo pude reservar habitación para esta semana, porque más tarde ya estaba todo ocupado – miente -, de todas formas puedo hablar con Marta y dormir en su casa, no creo que tenga problema.
               -Si, claro. – Julián la mira con sonrisa cómplice, mientras se levanta del sillón – No te preocupes, no le diré a tu madre lo de la fiesta.
Sale de la habitación con aire triunfal, y cuando está seguro de que su nieta no lo puede escuchar suelta una sonora carcajada.
Dentro, una confundidísima Alicia se pregunta cómo su abuelo pudo saber lo que tenía pensado hacer. No sabe que esa misma tarde, mientras organizaba todo con Marta, Julián pasó junto a su habitación, y escuchó cómo le contaba todo a su amiga.
Tres días más tarde
Llevan toda la tarde en reuniones, estudiando el caso. Irene y Gabriel, el chico nuevo, llevan unas cinco horas redactando informes. El cansancio empieza a hacerse palpable, por lo que deciden dejar el trabajo hasta el día siguiente e irse al hotel.
Caminan por la ciudad. Estrechas calles de suelo empedrado, con casas antiguas y pequeñas tiendas les acompañan. No hace frío, pero apenas hay gente paseando.
Empieza a anochecer en Gorriat, el sol se pone bajo las puntas de los edificios y crea una atmósfera acogedora en la que camina la pareja. Irene se ríe y Gabriel aprovecha esos momentos para acercarse más a ella. Hablan con confianza, relajados, sin pensar en el hecho de que casi son unos extraños el uno para el otro.

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