“Azul Silencio
Ruido, días vacios, esperanzas perdidas y miradas rotas.
Siempre me persiguen; me persigues, sombra. Todo el caos en el que me
acostumbré a vivir ha decidido ordenarse. Soy un recuerdo, un olvido. El tiempo
pasa, arrastrando consigo una nube de polvo y ceniza ardiendo. Se queman los
árboles, portadores de la vida, pero permanezco inmutable. Un abanico de cálidos
colores baila sobre lo que un día fue nuestro mundo, mientras yo escribo sobre
sueños, con tinta azul silencio.”
Una atmósfera pesada se forma en la habitación. Guarda su
pequeño bloc de pósits bajo la cama y se tumba en el suelo, sin hacer el más mínimo
ruido.
Octubre suspira. No puede dejar de pensar en la chica que se
empeña en no salir de su cabeza. ¿En qué momento pasó Alicia a ser alguien tan
importante para él? Tiene que ser algo puntual, un regusto a abrazos y cariño,
pero sabe que si no es eso, lo tiene jodido. Ella está con alguien, con un
gilipollas, todo hay que decirlo, pero tiene pareja. Además, ella nunca querría
estar con alguien como él. Pero el abrazo del otro día… No se lo esperaba. Tal
vez…
El sonido de su teléfono interrumpe sus pensamientos, es la
melodía que le puso para cuando Alicia le manda un mensaje. Joder, vaya
nervios. Él no es así, tiene que relajarse.
Se levanta del suelo y empieza a caminar de un lado a otro
de la habitación, sin ni siquiera atreverse a leer el mensaje. Coge aire y lo
suelta muy lentamente, repitiendo el proceso varias veces, hasta que siente que
se marea. Se sienta en la cama y lee lo que le acaban de mandar.
“¡¡¡Aprobé matemáticas!!!, no sé cómo, pero he aprobado :DDD
Oye, dentro de unos días voy a tener la casa sola -Octubre no puede evitar
ruborizarse- y pensé en invitar a un par de personas, quieres venir? Puedes
dormir allí si quieres.”
Sonríe triunfante, después de media hora buscando en
internet hoteles baratos cerca de la montaña, por fin encontró uno perfecto. A
su abuelo le va a encantar.
Repasa varias veces lo que tiene pensado decir, la
habitación ya está reservada, así que no se puede echar atrás. Baja lentamente las
escaleras, nerviosa, en busca de Julián.
-Abuelo,
tengo una sorpresa para ti.
El hombre la mira extrañado, apaga la televisión y se gira
para verla.
-El otro
día vi que estabas muy atento a lo del montañismo y todo eso, y bueno, pues
pensé en que tal vez te gustaría pasarte un par de días por ahí.
-Si, la
verdad es que me gustaría mucho, pero ya sabes que esas cosas son bastante
caras.
Los ojos de Alicia brillan de alegría, todo va perfecto.
-Pues
tenía algo de dinero ahorrado, así que te he reservado dos noches en un hotel...
-Espera,
¿¡qué!?
-Oh,
vamos. Te va a encantar. Todas las mañanas se organizan rutas por la montaña, y
ni siquiera me salió caro.
-Cariño,
no tenías por qué hacer nada de esto… - La verdad es que está encantado, es
justo lo que quería hacer – Déjame al menos que te devuelva el dinero.
-No, no.
Es un regalo. – Respira, ahora vienen los problemas – Bueno… ¡Te vas en dos días!
-¿¡En
dos días?! ¿Pero no es cuando tu madre se va también por trabajo?
-Ehh… Pues
ahora que lo dices es cierto, no me había dado cuenta - A la mierda el guión, toca improvisar- Hubo
un problema… Sólo pude reservar habitación para esta semana, porque más tarde
ya estaba todo ocupado – miente -, de todas formas puedo hablar con Marta y
dormir en su casa, no creo que tenga problema.
-Si,
claro. – Julián la mira con sonrisa cómplice, mientras se levanta del sillón –
No te preocupes, no le diré a tu madre lo de la fiesta.
Sale de la habitación con aire triunfal, y cuando está
seguro de que su nieta no lo puede escuchar suelta una sonora carcajada.
Dentro, una confundidísima Alicia se pregunta cómo su abuelo
pudo saber lo que tenía pensado hacer. No sabe que esa misma tarde, mientras
organizaba todo con Marta, Julián pasó junto a su habitación, y escuchó cómo le
contaba todo a su amiga.
Tres días más tarde
Llevan toda la tarde en reuniones, estudiando el caso. Irene
y Gabriel, el chico nuevo, llevan unas cinco horas redactando informes. El
cansancio empieza a hacerse palpable, por lo que deciden dejar el trabajo hasta
el día siguiente e irse al hotel.
Caminan por la ciudad. Estrechas calles de suelo empedrado,
con casas antiguas y pequeñas tiendas les acompañan. No hace frío, pero apenas
hay gente paseando.
Empieza a anochecer en Gorriat, el sol se pone bajo las
puntas de los edificios y crea una atmósfera acogedora en la que camina la
pareja. Irene se ríe y Gabriel aprovecha esos momentos para acercarse más a
ella. Hablan con confianza, relajados, sin pensar en el hecho de que casi son
unos extraños el uno para el otro.