Le despierta el sonido de su teléfono. Gabriel se levanta de
la cama, intentando no despertar a la chica que duerme junto a él. Se viste
rápido y sale al balcón. Descuelga.
-¿Hola?
-Gabriel,
cariño, me tenías preocupada. ¿Dónde estás?
-Ya te
dije que hoy no dormiría en casa, tengo mucho trabajo.
-Ya,
pero es sábado, y como no sabía nada de ti…
Gabriel la interrumpe, su acompañante de esa noche se acaba
de despertar.
-Oye,
luego hablamos. Tengo que colgar.
-Vale,
te qui…
Antes de que pueda terminar la frase le cuelga el teléfono. Hoy
no está de humor para hacer teatro.
Quedan dos días para el examen de matemáticas, pero eso
ahora mismo es lo que menos le importa, lo que de verdad quiere es arreglar las
cosas con Octubre. Debería de escribirle, aunque la verdad, después de cómo
acabaron ayer le da un poco de
vergüenza.
Suena su móvil. Un mensaje, ojalá sea él. Tal vez quiera
pedirle disculpas, o simplemente quedar para estudiar de nuevo, pero la verdad
es que le da igual. Mira la pantalla y lo que siente es… ¿decepción? Quien le
ha mandado un mensaje no es Octubre, sino su novio, preguntándole si quería
quedar, ¿Por qué le ha fastidiado? Bueno, de todas formas, no puede quedar. Ya
le responderá en otro momento, tiene mucho que repasar. Le manda a Octubre un
mensaje diciéndole que va a pasarse la tarde en la biblioteca, por si quiere
venir a ayudarla. Monta la mochila y sale de casa.
Camina pensativa, es temprano y apenas hay gente por las
calles. Hace frio, el sol todavía no calienta mucho. Le encanta pasear a esas
horas, cuando todavía puedes notar el ambiente húmedo de la noche anterior, con
una luz clarísima iluminando un camino casi desierto. Verdaderamente le
encanta.
Octubre llega a la biblioteca media hora después de ella. La
encuentra en una de las mesas con vistas a la ciudad, escribiendo en su libreta
números y números. Sin quererlo, se le escapa una sonrisa.
Alicia lo ve, le saluda con la mano y le pide que se siente.
Los dos están un poco tensos.
-Oye,
Octubre… Perdona por lo de ayer, pensé que era algo sin importancia.
Él la interrumpe con un ademán, le sonríe y señala el libro
de matemáticas. Mejor dejar el tema de lado y ponerse a repasar.
-Y le
terminé contando todo, y el chaval se asustó y se fue corriendo a su casa.
Joder, tardó días en salir. –Julián habla rápido, está nervioso– Y así, de
golpe, me aparece en casa con este papel.
Le pasa el folio de “cincuenta cosas que hacer antes de
morir”, Héctor García se queda pensativo. El joven vecino de su paciente le
acaba de dar una idea.
-Bueno…
¿Y por qué no lo intentas? Hacer la lista, digo. Así al menos saldrás un poco
de casa, y estarás entretenido.
-¿Es una
broma? ¿Pero tú leíste todo lo que pone ahí? Dudo que me veas hacer
paracaidismo.
Los dos se ríen. Últimamente se pasan muchos días en Deer
Antlers, y Julián ha decidido prescindir de las reuniones con el psicólogo. Les
es más fácil hablar en un ambiente relajado como lo es un bar.
-No, en
serio. Piénsalo, no pierdes nada por intentarlo. Por cierto, Ya hablarías con
Irene, ¿no?
-Claro.
Alicia llega a casa después de haberse pasado toda la mañana
estudiando. Deja a mochila en la cama y se tumba. Le duelen los hombros del
peso de las libretas, pero ha merecido la pena. Ya vuelve a estar bien con
Octubre, y tiene el examen muy bien preparado.
Empieza a vaciar la mochila. Saca las dos libretas, un
libro, el estuche y… ¿un papel? Lo mira, curiosa. Está doblado como si fuera un sobre, y en la parte
delantera se lee “No quería que lo vieras
estando yo delante, no se lo enseñes a nadie. Octubre”.
La curiosidad la envuelve por completo. Aparta todas las
cosas de la mesa, coge el pequeño sobre y lo abre. Empieza a leer…
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